Colorín colorado, este Erasmus se ha acabado

Como dice el título de esta entrada, mi Erasmus ya ha finalizado, y el tramo final fue de todo menos relajado. Después del fin de los exámenes, nos quedamos unos cuantos días más en Göteborg para despedirnos como es debido, es decir, con varios días de fiesta. Durante nuestro último fin de semana en la ciudad se celebró el festival Summerburst, en el que estuvieron presentes grandes nombres de la electrónica como Deadmau5, Calvin Harris, Avicii, 2ManyDJs o Axwell, entre muchos otros. No sólo fuimos al festival, sino que además trabajé como fotógrafo para el blog Tanaka Music, teniendo así acceso al foso del escenario, a las zonas VIP y a varias áreas privilegiadas gracias al pase de prensa. Fueron dos días de diversión y también de trabajo gratificante, sobre todo por el hecho de poder ver en directo –y por si fuese poco, desde el foso- a Deadmau5, uno de mis grandes favoritos. Éstas son algunas de las fotos que hice durante el festival.

Tras un par de días viviendo de okupa junto con Roi y Fer en la habitación de este último, Roi y yo abandonamos la habitación patera para comenzar nuestra vuelta a casa. No sería un viaje en avión como cabría esperar, sino algo mucho más lento y progresivo: un interrail en el que descenderíamos por la geografía Europea parando en varias ciudades, en algunas para hacer turismo y en otras para visitar a amigos que también estaban de Erasmus.

El primer trayecto de nuestro interrail fue Göteborg-Berlín. Como curiosidad, decir que el tramo que une Dinamarca con Alemania fue una sorpresa para nosotros. El revisor nos despertó y nos pidió que nos bajásemos del tren, ante lo que nosotros le preguntamos muy sorprendidos cuál era el motivo. Su respuesta fue “os tenéis que bajar por protocolos de seguridad, estamos dentro de un barco”. En ese momento miramos por la ventanilla y nos frotamos los ojos; el tren estaba dentro de una enorme bodega de un barco, y a nuestro lado había decenas de camiones y coches estacionados. Cogimos el montacargas, subimos a la cubierta y, efectivamente, estábamos navegando en un enorme ferri rumbo a Alemania.

Una vez en Berlín, la ciudad nos impresionó de gran manera. No sólo por sus monumentos y calles bonitas, algo habitual en cualquier capital europea, sino porque en Berlín, en lugar de aire, se respira historia. La ciudad guarda recuerdos y marcas de toda su existencia, desde que fue nombrada capital de Brandemburgo hasta las desmedidas torturas sufridas por sus ciudadanos en la segunda mitad del siglo XX, pasando también por la etapa del reino de Prusia. Respecto al S.XX, llama la atención cómo la ciudad fue castigada en un periodo tan corto por dos extremos políticos en teoría tan distantes.

Tras pasar tres días en la capital alemana nos dirigimos a Wroclaw, la ciudad polaca en la que estudia mi amigo Manu. Al llegar fuimos sorprendidos por una moderna estación de ferrocarriles que había sido estrenada tan sólo dos días antes, y de la que Manu ni siquiera tenía constancia. Esto se debe a que Wroclaw es una de las sedes de la Eurocopa, lo que también propició que el ambiente durante ese fin de semana fuese increíble. Además de disfrutar de comida y bebida muy barata (algo desconocido para nosotros en Suecia) y de la noche polaca, tuvimos la oportunidad de vivir el Polonia-Grecia en la fan-zone de la UEFA situada en la plaza mayor de la ciudad.

La siguiente parada puede considerarse una visita exprés, ya que conocimos la ciudad de Praga en tan sólo una mañana siguiendo el recorrido indicado por la oficina de turismo local. A pesar de que puede parecer muy poco tiempo, nos fuimos con la sensación de haber visto todo lo necesario (o al menos lo imprescindible) de la capital checa. La elevada catedral, la ciudad vieja con sus iglesias y torres, y las vistas de los puentes que cruzan el río Moldava, son algo digno de ver. Es sin duda una ciudad de visita obligada.

Dejando atrás Praga, seguimos bajando por el mapa europeo para llegar a Bolonia, el hogar actual de Roberto. Bolonia es una ciudad relativamente pequeña y sobre todo muy tranquila, en la que nosotros disfrutamos de pequeños placeres como pasear en bici por las carreteras de su casco medieval, atiborrarnos de pasta y helado, visitar su antiquísima universidad (fundada en 1088) o pasar bajo Garisenda y Asinelli, sus dos famosas torres inclinadas. Roberto no sólo hizo de guía durante el día, sino que también nos enseñó la noche de los Erasmus boloñeses, que nos dejó un gran sabor de boca.

La parada final de nuestra aventura de más de 3.000 km en tren fue Milán, la ciudad de la moda, donde Pablo y Miguel nos recibieron, acompañaron y proporcionaron un techo. Lo que yo había oído sobre esta ciudad italiana antes de llegar no era demasiado positivo, y posiblemente fuese por ello por lo que me llevé una agradable sorpresa. Además de los escaparates y coches de lujo que sí me esperaba, la ciudad tiene muchos rincones que ver. Los que más me gustaron fueron la Plaza del Duomo y la Galería de Víctor Manuel II, y por el contrario la decepción fue San Siro, uno de los mayores estadios europeos cuyos vestuarios y museos bien podrían ser de un equipo de Segunda B. Aún así, la presencia del descomunal estadio y sus grandes torres hacen que la visita merezca la pena.

El vuelo de Milán a Santiago (el billete de interrail no puede ser utilizado en trenes que circulen por tu propio país) no sólo significó el final de este viaje, sino que también puso punto y final a mis inolvidables diez meses de Erasmus. Al aterrizar en Santiago, y bajo el recibimiento de la lluvia gallega, encendí el móvil y recibí un email de Chalmers, mi universidad sueca. Se trataba de la última nota que me faltaba por conocer, y también la que decidiría si había aprobado todas las asignaturas o si por el contrario tenía que volver a Göteborg a finales de agosto para realizar un examen de recuperación. La matrícula de honor en Network Security no sólo era la primera de toda mi carrera (más vale tarde que nunca), sino que además representaba una forma inmejorable de cerrar un ciclo de mi vida.


David Paredes

Soy ingeniero informático por la Universidade da Coruña y trabajo en el departamento de e-commerce de Zara. Mis principales intereses son los negocios, la tecnología y el diseño, aunque a menudo también escribo sobre otros temas. Puedes obtener más información en la sección "Sobre mí" de esta página.

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